La activista cubana Aniette González García, una de las voces más visibles del movimiento ciudadano #LaBanderaEsDeTodos, recuperó este sábado la libertad tras cumplir una condena de tres años de prisión por el presunto delito de “ultraje a los símbolos patrios”. Su caso, convertido en un ejemplo del uso político de la justicia en Cuba, vuelve a poner sobre la mesa la criminalización de la libertad de expresión en la isla.
El “delito” de Aniette consistió en tomarse una foto envuelta en la bandera cubana, parte de una iniciativa pacífica del Movimiento San Isidro para reivindicar que los símbolos nacionales pertenecen al pueblo y no al Partido Comunista. El régimen interpretó su gesto como una ofensa, desatando una maquinaria de persecución que derivó en su arresto el 23 de marzo de 2023 en Camagüey.

Durante su reclusión en la prisión de Villa María Luisa, familiares y organizaciones denunciaron hostigamiento, vigilancia constante y castigos arbitrarios. En febrero de 2024, un tribunal la sentenció a tres años de cárcel. La apelación, presentada por su familia, fue rechazada meses después. Su hija, Aniette Ginestá, cuestionó entonces: “¿Por pensar diferente? ¿Por una foto? ¿Por una bandera?”.
La salida de prisión de Aniette representa un alivio, pero también una evidencia: en Cuba, la libertad sigue siendo relativa. Aunque hoy camine fuera de los muros, sigue marcada por la injusticia de un sistema que castiga la disidencia y utiliza los símbolos patrios como herramientas de control ideológico.
⚠️⚠️Hoy el régimen cubano ha liberado a Aniette González… una mujer condenada a tres años de cárcel por tomarse esta foto con la bandera nacional.
— Mag Jorge Castro🇨🇺 (@MagJorgeCastro) December 7, 2025
Aniette hoy es libre, pero la injusticia a la que fue sometida no se borra.
Fue detenida en marzo del 2023 por “ultraje”. pic.twitter.com/4yxf0SYLSY
Mientras la activista enfrentaba una condena severa, el gobierno permitía que figuras afines al oficialismo —como Haila María Mompié— o artistas internacionales como Laura Pausini usaran la bandera sin enfrentar sanciones. Esa doble moral alimentó el lema de protesta: “No son dueños de nuestros símbolos”, frase que se multiplicó en redes sociales.
Durante los últimos tres años, colectivos feministas, artistas, periodistas independientes y activistas dentro y fuera de Cuba exigieron su liberación, denunciando que se trataba de un castigo político vinculado también a la represión contra Luis Manuel Otero Alcántara, preso por causas similares.
Hoy, Aniette González vuelve a la calle, pero lo hace como un símbolo incómodo para el régimen: una mujer que usó una bandera para demostrar que la patria no se impone, se abraza; que el amor al país no se dicta desde un buró, y que la libertad tiene un precio que muchos cubanos aún siguen pagando.